TIPOS DE DESCRIPCIÓN
 
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  Se ha dicho muchas veces que describir es pintar con palabras. La descripción es una clase de texto que recuerda a la pintura y a la fotografía, pues intenta reproducir la realidad. Así como un pintor utiliza su paleta de colores, y el fotógrafo la cámara, el escritor pinta o fotografía a los personajes, los objetos, los ambientes... con PALABRAS.
 
       
  TIPOS DE DESCRIPCIÓN | EJEMPLOS  
       
 
Diferentes tipos de descripción:
 
   
 
       
   
PROSOPOGRAFÍA
 
   

Descripción del físico de una personaje.

 
   
ETOPEYA
 
   
Descripción del carácter y sentimientos de una personaje.
 
   
 
   
RETRATO
 
   
El retrato es la descripción completa de un personaje, pues contiene los rasgos físicos y de carácter.
 
     
   
AUTORRETRATO
 
   
Retrato de una persona realizado por ella misma.
 
     
   
CARICATURA
 
   

La caricatura es aquella descripción en la que se deforman o exageran los rasgos del físico o del carácter de un personaje.

 
   
 
TOPOGRAFÍA
 
 
Descripción de lugares, paisajes y ambientes.
 
 
 
   
 
   
ALGUNOS EJEMPLOS
 
     
     
 
Lee con detalle estas descripciones y comprueba que cumplen con las características de la definición.
 
       
    ETOPEYA  
   
Y todo por esa mocosa de enfermera […] No hay más que mirarla para darse cuenta de quién es, con esos aires de vampiresa y ese delantal ajustado, una chiquilina de porquería que se cree que es la directora de la clínica.

Julio cortázar, La señorita Cora

 
       
    PROSOPOGRAFÍA  
   

Otli tenía el pelo corto y erizado, rojo como una zanahoria, y las orejas gachas de soplillo. Era delgado y alto con la piel llena de pecas. Pero éstas no eran los graciosos puntillos que con frecuencia caen tan bien en las narices respingonas de las chicas. Otli tenía todo el cuerpo blanco y marrón como un perro foxterrier; como si se hubiese puesto cerca de un pintor que le pulverizase de marrón en una pared blanca.

Christine Nöstlinger, Filo entra en acción

 
       
  AUTORRETRATO  
   

No me gusta ni mi cara ni mi nombre. Bueno las dos cosas han acabado siendo la misma. Es como si me encontrara feliz dentro de este nombre pero sospechara que la vida me arrojó a él, me hizo a él y ya no hay otro que pueda definirme como soy. Y ya no hay escapatoria. Digo Rosario y estoy viendo la imagen que cada noche se refleja en el espejo, la nariz grande, los ojos también grandes pero tristes, la boca bien dibujada pero demasiado fina. Digo Rosario y ahí está toda mi historia contenida, porque la cara no me ha cambiado desde que era pequeña, desde que era niña con nombre de adulta y con un gesto grave.

Elvira Lindo, Una palabra tuya

 
       
    CARICATURA  
   
Mi criado tiene de mesa lo cuadrado y el estar en talla al alcance de la mano. Por tanto es un mueble cómodo; su color es el que indica la ausencia completa de aquello con qué se piensa, es decir, que es bueno; las manos se confundirían con los pies, si no fuera por los zapatos y porque anda casualmente sobre los últimos, a imitación de la mayor parte de los hombres; tiene orejas que están a uno y otro lado de la cabeza como los floreros en una consola, de adorno, o como los balcones figurados, por donde no entra ni sale nada; también tiene dos ojos en la cara; él cree ver con ellos, ¡qué asco se lleva!

Mariano José de Larra, La Nochebuena de 1836

 
   
 
    TOPOGRAFÍA  
 
Tras mi ventana, a unos trescientos metros, la mole verdinegra de la arboleda, montaña de hojas y ramas que se bambolea y amenaza con desplomarse. Un pueblo de hayas, abedules, álamos y fresnos congregados sobre una ligerísima eminencia del terreno, todas sus copas volcadas y vueltas uns sola masa líquida, lomo de mar convulso. El viento los sacude y los golpea hasta hacerlos aullar. Los árboles se retuercen, se doblan, se yerguen de nuevo con gran estruendo y se estiran como si quisiesen desarraigarse y huir. No, no ceden. Dolor de raíces y de follajes rotos, feroz tenacidad vegetal no menos poderosa que la de los animales y los hombres. Si estos árboles se echasen a andar, destruirían a todo lo que se opusiese a su paso. Prefieren quedarse donde están: no tienen sangre ni nervios sino savia y, en lugar de la cólera o el miedo, los habita una obstinación silenciosa. Los animales huyen o atacan, los árboles se quedan clavados en su sitio. Paciencia: heroísmo vegetal.

Octavio Paz, El mono gramático

 
     
 
Para leer más: Galería de retratos literarios.
 
       
   
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